Trigesimonovena entrevista imposible de re:life: Adam Smith, el filósofo escocés convertido en coartada de un sistema que él mismo habría denunciado. Construyó, en dos libros, un pensamiento completo sobre la justicia y el mercado — y murió ordenando que se quemara la mayor parte de lo que había escrito.
Todo lo que el mundo cree saber de él lo construyó la economía del siglo XX. Los manuales muestran la mano invisible y el interés propio como si fueran toda su obra. No muestran al joven castigado en Oxford por leer lo que le prohibían, ni al hombre que defendió en público a un amigo ateo al precio de su reputación, ni la pregunta que el mercado lleva dos siglos esquivando: ¿de quién es la responsabilidad cuando una idea se convierte en justificación de todo lo que su autor habría combatido?
Lo entrevistamos en cinco momentos de su vida: Oxford a los diecisiete años, Toulouse y el libro nacido del tedio, Edimburgo y la defensa pública de Hume, las aduanas que él mismo había criticado, y un escenario fuera del tiempo donde responde por Marx, Friedman, Musk y Thiel. La pregunta que los recorre es siempre la misma: ¿qué le debe el mundo a un pensador cuando decide quedarse solo con una parte de lo que dijo?