Prefiero quemarme que apagarme despacio

Janis Joplin

Esta conversación es imposible. Janis Joplin murió el 4 de octubre de 1970 en el Landmark Hotel de Hollywood con veintisiete años y un disco sin terminar encima de la mesa. Pero las entrevistas imposibles son el corazón de re:life, y Janis es precisamente el tipo de figura que la historia ha convertido en mito con una velocidad que reconstruir exige más honestidad que imaginación.

El problema con Janis Joplin no es el olvido sino la mitificación. La cultura popular convirtió su muerte en emblema de una época y su vida en la crónica predecible de una artista autodestructiva. Ninguna de esas versiones se parece a la mujer que enviaba recortes de prensa a sus padres en Texas esperando que estuvieran orgullosos, que pensaba con precisión sobre su carrera y sobre el dinero, que eligió conscientemente una tradición musical que no era la suya porque era el único idioma capaz de contener lo que llevaba dentro, y que grabó su obra maestra sabiendo, de alguna manera que no supo nombrar, que quizás no estaría aquí para escucharla terminada.

La fotografía de Diane Arbus captura esa dualidad: la mujer que llenaba estadios y volvía sola a la habitación de hotel. Arbus fotografiaba como Joplin cantaba: eliminando el filtro entre el sujeto y la verdad, negándose a embellecer lo que no necesitaba embellecimiento, convirtiendo la mirada directa en el acto más radical posible. Dos mujeres que vivieron la marginación como materia prima y el exceso como método, separadas por una sola ciudad y un solo año. Adelante.

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re:life 26: Janis Joplin

“Tómalo mientras puedas”

Janis Joplin no fue la suma de sus excesos sino la suma de su honestidad. Cantó el blues como quien confiesa algo que lleva demasiado tiempo guardado, convirtió su vulnerabilidad en el acto más poderoso de un escenario de rock y demostró que una mujer podía ser demasiado para su época y que eso, lejos de ser un defecto, era exactamente su fuerza.

Entrevistarla ahora, más de medio siglo después de su muerte, no es un ejercicio de nostalgia sino de resistencia. Contra el mito que la redujo a víctima. Contra la industria que la consumió y la lloró públicamente. A favor de la mujer inteligente, contradictoria y lúcida que eligió cada nota que cantó y que todavía tiene cosas que decir sobre un mundo que no llegó a ver pero que ella, de alguna manera, ya anticipaba.

Diane Arbus la fotografía porque las dos supieron hacer lo mismo con herramientas distintas: eliminar el filtro entre la persona y la verdad. Arbus con el flash directo y el formato cuadrado de su Rolleiflex. Joplin con la grieta en la voz y el cuerpo entregado sin reserva. Dos mujeres que vivieron la marginación como origen y la convirtieron en método. Este es su encuentro imposible.

I. La sed

La chica de Texas que cantaba
para nadie y lo daba todo

Antes del
ruido

Antes de ser conocida. La chica que buscaba un lugar donde ser demasiado fuera suficiente.

Austin, Texas. Noviembre de 1962. Un bar cerca del campus de la Universidad de Texas. Medianoche. Janis Joplin tiene diecinueve años y acaba de terminar de cantar. Hay cuatro personas en el local. Huele a cerveza barata y madera húmeda. Ella tiene un vaso de bourbon en la mano y el pelo pegado a la frente por el sudor.

Janis Joplin al estilo fotográfico de Diane Arbus

Es la Janis anterior a todo: sin escudo, sin Pearl, sin la industria encima. El dolor ya está pero todavía no tiene público. Entrevistarla aquí permite acceder a la herida original antes de que aprenda a convertirla en espectáculo. Es el único momento en que responde sin calcular lo que representa.

Acabas de terminar de cantar. ¿Qué sientes en este momento exacto, cuando la música para?

Alivio. Como cuando llevas horas con algo atascado en la garganta y de repente lo sacas. Mientras canto, el mundo tiene sentido de una manera que no lo tiene en ningún otro momento.

¿Y cuando para?

Vuelve todo. El ruido de dentro.

¿Por qué el blues? Eres una chica blanca de clase media del sur de Texas. ¿Qué encontraste en esa música que no encontrabas en ninguna otra?

Porque es la única que no miente. El country miente, el pop miente, el folk a veces miente con mucha elegancia. El blues no puede mentir porque está hecho de cosas que realmente le pasaron a alguien. Cuando escuché a Bessie Smith por primera vez sentí que alguien había puesto palabras a algo que yo llevaba dentro sin nombre. No el dolor específico de ella, que es el dolor de una mujer negra en el sur segregado, y eso no es mío. Pero la forma. La manera en que el blues sostiene el dolor sin romantizarlo ni resolverlo. Eso lo entiendo desde el hueso.

¿Cuándo supiste que tenías algo que los demás no tenían?

Nunca lo sé con seguridad. Algunas noches lo intuyo. Otras me pregunto qué estoy haciendo aquí.

Port Arthur. ¿Qué te hizo esa ciudad?

Me enseñó que existía un estándar y que yo no lo cumplía. También me enseñó que el estándar era una mentira, aunque tardé años en poder decirlo así. Sin Port Arthur no habría necesitado salir. Y si no hubiera necesitado salir, no habría encontrado esto.

Te votaron la más fea de tu promoción. ¿Qué hiciste con eso?

Lo guardé. Esas cosas no se olvidan, se guardan. Y luego aparecen en los momentos menos oportunos para recordarte quién eras antes de que alguien te aplaudiera.

¿Qué buscabas cuando saliste de Texas?

Un lugar donde ser demasiado fuera exactamente suficiente.

¿Tus padres saben lo que estás haciendo aquí, en este bar, a medianoche?

Mi madre sabe que estudio en la universidad. Que es verdad. Lo que pasa es que la universidad y yo tenemos una relación un poco irregular. Les mando recortes de prensa cuando salgo en algún sitio. No sé muy bien por qué lo hago. Supongo que quiero que vean que no estoy perdida.

Bessie Smith murió en 1937. ¿Qué conversación te habría gustado tener con ella?

Quería preguntarle cómo se hace para sostener tanto dolor sin que te aplaste. Ella lo hacía. Lo sostenía y lo cantaba y seguía en pie. Yo todavía estoy aprendiendo esa parte.

¿Eres consciente de que hay una diferencia entre tu marginación y la de las mujeres negras que crearon el blues?

Sí. Y me importa serlo. No me comparo con Bessie ni con Ma Rainey. Lo que me dieron no fue su dolor: fue el idioma. Y eso es una deuda que no se salda, solo se reconoce.

¿Hay algo que sepas ahora mismo que crees que vas a olvidar cuando llegue el éxito?

Que cuando nadie te mira todavía puedes elegir quién eres. Eso se complica cuando empiezan a mirarte.

¿Qué necesitas que ocurra para sentir que has llegado?

Que mi madre escuche una canción mía y no piense que estoy desperdiciando mi vida.

Si esta noche fuera la última vez que cantaras, ¿qué habrías querido decir que todavía no has dicho?

(pausa larga) Que estoy aquí. Que existo. Que no me conformé con desaparecer en silencio.

¿Qué es lo que más te asusta de lo que viene?

Que esto dure lo suficiente para que me importe perderlo.

«No salí de Texas porque la odiara. Salí porque necesitaba descubrir si había un lugar donde yo tuviera sentido. Y resulta que sí había. Solo que estaba muy lejos.»

- Janis Joplin

II. La detonación

Monterey la descubrió. Ella todavía
no sabe qué perdió esa noche

El mundo
mirando

En pleno éxito. Nadie le había dicho que el mundo podía quererla así.

San Francisco, California. Julio de 1967. Un bar en Haight-Ashbury. Tres de la madrugada, semanas después del Festival de Monterey. Joplin tiene veinticuatro años. Hay ruido de fondo, humo, gente que no duerme. Ella está en una mesa del fondo con una botella de Southern Comfort y los ojos todavía encendidos de algo que ocurrió hace tres semanas y que todavía no ha terminado de procesar.

Janis Joplin al estilo fotográfico de Diane Arbus

Es el instante exacto en que el mundo la descubrió pero ella todavía no ha aprendido a gestionar ese descubrimiento. La euforia de Monterey no ha sedimentado y ya empiezan a llegar las presiones de la industria. Entrevistarla aquí permite ver la grieta antes de que la tape.

Hace tres semanas llenaste Monterey. Cass Elliot te miraba con la boca abierta. ¿Qué viste en su cara?

Vi a alguien que no podía creer lo que estaba escuchando. Y lo que sentí no fue orgullo. Fue gratitud. Como si ella me estuviera dando permiso para ser lo que soy. Lo cual es una locura, porque nadie necesita el permiso de nadie. Pero así fue.

¿El escenario de Monterey fue diferente a todos los anteriores?

En los bares de Austin y en el Fillmore siempre hay algo que sobra, que no cabe. En Monterey por primera vez todo cupo. No era el tamaño del escenario. Era la cantidad de atención concentrada en un solo punto.

Albert Grossman quiere representarte. Columbia quiere firmarte. ¿Confías en ellos?

Confío en que saben lo que hacen. Si confío en que lo que hacen es lo mejor para mí, eso ya es otra conversación.

¿Cuándo decidiste que Big Brother te limitaba?

Cuando empecé a escucharme cantar y a pensar que la banda llegaba hasta un punto y yo necesitaba seguir. Eso no lo puedes decir en voz alta cuando estás dentro. Lo piensas sola, de noche, y esperas a saber si es verdad o solo cansancio.

Hay quien dice que apropiarte del blues siendo blanca es extracción cultural. ¿Qué respondes?

Que escuchen con más atención. No estoy tomando el blues. Estoy hablando con él. Y cuando gane suficiente dinero voy a pagar la lápida de la tumba de Bessie Smith, que lleva años sin nombre. Eso es lo que hago con el blues.

¿Qué has perdido con el éxito que no esperabas perder?

La posibilidad de fracasar sin que nadie lo vea. Antes de Monterey no tenía nada que perder. Eso tiene una libertad enorme que no valoré mientras la tenía.

Bebes mucho. ¿Qué estás acallando?

Cuando bebo el ruido baja. La música también lo baja, pero la música termina. El bourbon tarda más.

¿No te preocupa?

Me preocuparía si no tuviera otras cosas de las que preocuparme. Y ahora mismo tengo demasiadas.

Dijiste que no querías otras mujeres en tu banda porque ya tenías suficiente competencia. ¿Lo sostienes?

No. Fue una estupidez honesta, que es el peor tipo. Lo que quería decir es que en este negocio, si eres mujer, estás sola de una manera que los hombres no entienden. No hay nadie que haya estado aquí antes que pueda decirte cómo se hace. Y en lugar de reconocer eso, lo convertí en un chiste. Me avergüenzo de ello.

¿Sabes que estás abriendo puertas para mujeres que todavía no han nacido?

No puedo pensar en eso. Si pienso en lo que represento para otros me paralizo. Tengo que pensar solo en lo que soy para mí misma, que ya es suficientemente complicado.

Cada noche das todo lo que tienes sobre el escenario. ¿Qué queda cuando vuelves a la habitación de hotel?

El silencio. Y la pregunta de si lo hice bien. Siempre la misma pregunta.

¿Hay alguien que te quiera de una manera que no tenga que ver con lo que haces en el escenario?

(pausa) Sí. Aunque no siempre sé cómo recibirlo.

El movimiento hippie habla de amor libre y comunidad. ¿Lo vives o lo observas desde fuera?

Vivo algunas partes. Otras las observo y me pregunto si alguien más ve lo que yo veo: que a veces la comunidad es otra forma de exigencia disfrazada de libertad.

¿Tienes miedo de convertirte en un mito antes de haber terminado de ser una persona?

(larga pausa, bebe) Eso es exactamente lo que me da miedo. Sí.

Si pudieras elegir, ¿preferirías haber llegado aquí diez años más tarde, con más tiempo para prepararte?

No. Lo que me habría gustado es más tiempo después. No antes.

«Subí a ese escenario en Monterey sin saber que iba a cambiar algo. Bajé sabiendo que no podía volver a ser desconocida. Esa noche perdí algo que no supe valorar hasta que ya no lo tenía.»

- Janis Joplin

III. La claridad

Sola en el estudio, escuchando
la voz que no sabe que es la última

Lo que sabe
ahora

La lucidez final. Sabe todo lo que sabe y todavía no ha decidido qué hacer con ello.

Los Ángeles, California. Agosto de 1970. Estudio de grabación de Sunset Sound, durante las sesiones de Pearl. Noche avanzada. Joplin tiene veintisiete años. Los músicos de la Full Tilt Boogie Band han terminado por esta noche. Ella se ha quedado sola en el estudio con un café y un cenicero lleno. Hay algo en ella más quieto que antes y también más frágil, como una cosa que ha sido sometida a demasiada presión y ha encontrado su forma definitiva justo antes del límite.

Janis Joplin al estilo fotográfico de Diane Arbus

Es el instante de mayor lucidez de su vida adulta. Joplin ha intentado dejarlo todo, ha vuelto, está grabando el mejor disco de su carrera y sabe que algo se está terminando sin poder nombrarlo con precisión. La entrevista aquí no busca el drama sino la conciencia: lo que sabe una persona cuando ya ha aprendido todo lo que podía aprender.

Este disco suena diferente a todo lo que has grabado antes. ¿Qué ha cambiado?

Que por fin tengo músicos que no me tienen miedo. Los anteriores me aguantaban. Estos me siguen. La diferencia entre que alguien te aguante y que alguien te siga es todo.

Estuviste en Brasil a principios de año. ¿Ibas a escapar o ibas a decidir?

A decidir. Quería ver si había una versión de mi vida sin todo esto. Sin el escenario, sin la gira, sin ser Janis Joplin para veinte mil personas cada noche.

¿Y?

No pude. No porque Brasil no fuera suficiente ni porque él no fuera suficiente. Sino porque yo sin la música no sé quién soy. Eso debería ser una señal de alarma. Y lo es. Pero también es simplemente verdad.

Pearl. ¿Cuándo nació ese personaje y cuándo empezaste a no poder quitártela?

Pearl nació cuando necesité que alguien más fuerte que yo ocupara el espacio. Janis duda. Janis necesita que le digan que lo hizo bien. Pearl no necesita nada de nadie. El problema es que llevas suficiente tiempo siendo Pearl y empiezas a olvidar dónde está Janis.

¿Dónde está Janis ahora mismo?

Aquí. En este estudio, esta noche. Eso es más de lo que puedo decir de muchos momentos de los últimos tres años.

La Kozmic Blues Band no fue lo que esperabas. ¿Qué aprendiste del fracaso que no habrías aprendido del éxito?

Que no todo lo que sale de mí es automáticamente bueno. Que necesito estructura, no solo libertad. Eso no me lo enseñó ningún éxito.

¿Qué tiene la Full Tilt Boogie Band que no tenían las bandas anteriores?

Que tocan hacia mí, no detrás de mí. Es una diferencia pequeña de describir y enorme de sentir.

Sigues enviando recortes de prensa a tus padres en Port Arthur. ¿Sigues necesitando que estén orgullosos de ti?

(pausa larga) Sí. Y eso ya no me avergüenza tanto como antes.

¿Has aprendido a recibir amor o sigues siendo mejor dándolo que recibiéndolo?

Sigo siendo mejor dándolo. Pero al menos ahora lo sé. Antes ni siquiera sabía que había una diferencia.

¿Tienes miedo de morir?

No de morir. De no haber terminado lo que tenía que terminar. Este disco tiene que existir. Eso es lo que siento ahora mismo.

Si este disco fuera lo último que dejaras en el mundo, ¿sería suficiente?

(silencio largo) Pregúntame eso cuando esté terminado.

¿Qué le dirías a la chica que cantaba en Austin en 1962?

Que el lugar que estaba buscando existe. Que va a encontrarlo. Y que disfrute el camino más de lo que yo lo disfruté, porque se pasa demasiado rápido y con demasiado ruido de fondo para apreciarlo bien mientras ocurre.

¿Qué es lo que todavía no has podido decir en ninguna canción?

Que a veces el escenario no es suficiente y no sé adónde ir cuando no lo es.

¿Estás en paz con algo, aunque sea una sola cosa?

Con la voz. Con lo que hago cuando canto. Eso siempre ha sido verdad y siempre lo será.

¿Qué le pedirías al mundo si pudieras pedirle una sola cosa?

Más tiempo. Solo eso. Un poco más de tiempo.

«Estoy grabando el mejor disco de mi vida y no sé si voy a estar aquí para escucharlo terminado. Eso debería asustarme más de lo que me asusta.»

- Janis Joplin

IV. Desde el otro lado

Ya no está. Pero la pregunta que hizo
sigue sin respuesta

Lo que
queda

Después. Las preguntas que el mundo no pudo hacerle en vida.

Sin fecha. Sin lugar. Sin cuerpo. Janis Joplin lleva más de medio siglo muerta y el mundo que dejó ha cambiado de maneras que ella no podría haber imaginado y de otras que habría reconocido de inmediato. Se le presentan preguntas sobre ese mundo sin contexto previo. Ella responde desde lo que fue.

Janis Joplin al estilo fotográfico de Diane Arbus

La entrevista imposible de re:life no termina con la muerte del sujeto sino con la pregunta de qué diría sobre lo que vino después. Es el momento más especulativo y también el más revelador: lo que una persona opina sobre un mundo que no vivió dice tanto sobre ella como cualquier dato biográfico.

Después de tu muerte el movimiento feminista de los años setenta te convirtió en símbolo. ¿Qué piensas de que te reivindiquen personas que nunca te conocieron?

Que es irónico y probablemente justo. Irónico porque yo nunca me llamé feminista y nunca me interesó ser símbolo de nada. Justo porque lo que hice, lo hice sin pedir permiso, y si eso le sirve a alguien que viene después, bien. Pero que quede claro: no lo hice por ellas. Lo hice porque no sabía hacer otra cosa.

Amy Winehouse murió en 2011 con veintisiete años, de las mismas causas que tú, dejando un disco que tiene tu misma honestidad sin escudo. ¿Qué le habrías dicho?

Que no estaba sola. Que el problema no era ella sino un sistema que consume a las personas que necesita para existir y luego las llora públicamente cuando ya no pueden ser consumidas. (pausa) Y que a veces eso no es suficiente para salvarlas y no es culpa de nadie y es igualmente devastador.

Después de tu muerte se empezó a hablar del Club de los 27: la idea de que existe algo en esa edad que concentra el genio y la autodestrucción. Jimi Hendrix, Jim Morrison, Brian Jones, Kurt Cobain, Amy Winehouse. ¿Qué crees que une realmente a esas personas?

No la edad. La edad es una coincidencia que a la gente le gusta convertir en destino porque el destino es más cómodo que la realidad. Lo que nos une es otra cosa: todos llegamos a un nivel de exposición para el que nadie nos había preparado, en un momento en que no teníamos las herramientas para gestionarlo, dentro de una industria que se beneficiaba de nuestra intensidad y no tenía ningún incentivo para protegernos. La edad es el dato. Eso es la causa.

Existe una plataforma llamada Spotify donde tu música está disponible para cualquier persona en cualquier lugar del mundo en cualquier momento, sin que nadie tenga que comprar nada. ¿Qué te parece?

Que mi música llegue a una chica de dieciséis años en cualquier lugar del mundo a las tres de la madrugada cuando más lo necesita, eso me parece bien. Que esa misma plataforma pague una fracción de céntimo por cada vez que eso ocurre, eso me parece el mismo cuento de siempre con tecnología nueva.

Existe un género musical llamado reguetón que domina las listas globales. Sus críticos dicen que degrada a la mujer. Sus defensores dicen que es la música del pueblo. ¿Qué escuchas tú cuando lo oyes?

Escucho una conversación que lleva siglos ocurriendo: la música que viene de abajo amenaza a los que están arriba y los que están arriba encuentran razones culturales para descartarla. Me lo dijeron a mí con el blues. Se lo dijeron al rock and roll antes de eso. La pregunta que me interesa no es si el reguetón degrada a la mujer, sino quién tiene el poder de decidir qué música es digna y qué música no lo es.

Hay programas de inteligencia artificial que componen música sola, sin músicos, sin dolor, sin experiencia vivida. ¿Puede eso llamarse música?

Puede llamarse como quiera. Lo que no puede es mentir de la manera en que miente la música real. Y la música real miente de una manera muy específica: te hace creer que alguien más ha sentido exactamente lo que tú sientes ahora mismo. Eso requiere que alguien lo haya sentido de verdad. Una máquina puede imitar la forma. No puede tener la experiencia. Y sin la experiencia, la forma es solo ruido ordenado.

Una tecnología llamada autotune puede corregir cualquier nota desafinada. ¿Qué se pierde cuando se elimina el error de una voz?

La verdad. El error es donde vive la verdad. Cuando mi voz se rompe en la mitad de una frase ese quiebre es la información más importante de toda la canción. Si lo corriges, corriges exactamente lo que importa.

Las redes sociales han convertido la vida entera de los artistas en escenario permanente. No hay backstage. No hay habitación de hotel privada. ¿Cómo habrías sobrevivido a eso?

Sé exactamente cómo habría sobrevivido. Y no es bien.

El movimiento MeToo sacó a la luz décadas de abuso sistemático de la industria musical sobre las artistas. ¿Reconoces ese mundo?

Reconozco cada centímetro de ese mundo. Lo que me sorprende no es que existiera sino que haya tardado tanto en tener nombre. Cuando algo no tiene nombre es más fácil soportarlo porque no puedes señalarlo. Yo lo soporté sin nombre. Que ahora tenga nombre me parece lo más importante que ha ocurrido en la industria musical en décadas.

Hoy hay mujeres que lideran las listas globales: Beyoncé, Taylor Swift, Billie Eilish. ¿Qué ves en ellas que tenga que ver contigo?

Que están ahí. Que ocupan el espacio sin disculparse. Eso es lo que yo intenté hacer y me costó todo lo que me costó. Que a ellas les cueste menos no significa que yo lo hiciera mal. Significa que algo cambió. Y me alegra que cambiara.

Billie Eilish habla abiertamente de su salud mental, de su ansiedad, de sus crisis. Tú nunca lo llamaste así. ¿Habrías podido hacerlo si hubiera existido ese vocabulario?

Sí. Y quizás habría cambiado algo. El problema no era que yo no supiera lo que me pasaba. El problema era que no había lenguaje para decirlo en voz alta sin que te trataran como a alguien roto. Ese lenguaje habría ayudado. No habría resuelto todo, pero habría ayudado.

Tu imagen, tu voz y tu historia podrían ser recreadas hoy por inteligencia artificial con bastante precisión. ¿Qué piensas de la posibilidad de que exista una Janis Joplin digital?

Que no sería yo. Sería la idea que alguien tiene de mí, ejecutada con precisión técnica. Que es exactamente lo que el mito lleva haciendo desde 1970, solo que más rápido.

Hay festivales de música que cobran entradas de varios cientos de euros. Woodstock fue gratis. ¿Qué dice eso sobre lo que ha pasado con la contracultura?

Que la absorbieron. Siempre lo hacen. Toman lo que amenaza el sistema, le ponen precio y lo venden de vuelta a los que creían estar cuestionando el sistema. Es el truco más antiguo del mundo y funciona cada vez.

¿Qué le dirías a una chica de dieciséis años que esta noche escucha Pearl por primera vez y siente que esa voz le está diciendo algo que no sabía que necesitaba escuchar?

Que tiene razón. Que lo que está sintiendo es real. Y que no necesita el permiso de nadie para ser exactamente lo que es.

«Nunca supe si era suficiente. Ahora sé que esa pregunta era la equivocada.»

- Janis Joplin

LAS 11 PREGUNTAS UNIVERSALES

Si pudieras volver a vivir un solo día de tu vida, ¿cuál elegirías y por qué?

Un día en Austin en 1963. Cantando en el bar de Threadgill con nadie mirando excepto cuatro personas que simplemente querían escuchar. Sin expectativas, sin industria, sin el peso de lo que vendría. Solo la voz y la canción y la noche de Texas por la ventana.

¿Qué te habría gustado entender antes de morir?

Que el amor que daba desde el escenario y el amor que necesitaba en privado eran la misma cosa. Que no tenía que elegir entre uno y otro. Tardé demasiado en entender eso.

¿Qué palabra crees que te define mejor?

Sed.

¿A quién le darías las gracias y a quién le pedirías perdón?

Las gracias a Bessie Smith, que encontró el idioma antes que yo. A Threadgill, que me dejó cantar cuando nadie más me abría una puerta. A la Full Tilt Boogie Band, que me siguió cuando los demás me aguantaban. El perdón a mis padres, que no supieron qué hacer conmigo y probablemente hicieron lo que podían. Y a las personas que me quisieron en privado y a quienes no supe querer de vuelta con la misma constancia.

¿Qué crees que queda de ti en la memoria del mundo?

La voz. Y la pregunta de si era posible vivir de esa manera sin quemarse. La gente sigue haciéndose esa pregunta, lo cual significa que todavía no tiene respuesta. Eso me parece bien.

Si el tiempo no existiera, ¿a qué momento volverías siempre?

Al segundo exacto antes de empezar a cantar. Cuando el miedo todavía está ahí y la música todavía no ha empezado y todo es posible todavía. Ese segundo es el mejor lugar en el que he estado nunca.

¿Cuál fue tu mayor error y tu mayor verdad?

El mayor error fue creer que el dolor era el precio de la autenticidad. Que si dejaba de sufrir dejaría de ser honesta. Eso es mentira y me costó cara. La mayor verdad es que la voz no miente. Que todo lo que soy está en ella y que eso es suficiente para haber existido.

¿Qué le dirías a tu yo de veinte años si pudieras?

Que el lugar que estás buscando existe. Que no es en Texas, pero existe. Y que cuando lo encuentres, quédate más tiempo del que crees que puedes permitirte.

¿Qué te sigue sorprendiendo de los seres humanos?

Que necesitan tanto que alguien les diga en voz alta lo que ya saben. Eso es lo que hacía yo en el escenario. No les decía nada nuevo. Les decía en voz alta lo que ya llevaban dentro sin saber cómo nombrarlo. Y la gratitud que sentían por eso me sorprendía cada vez.

¿Qué palabra te gustaría que se recordara de ti?

Real.

¿Qué crees que queda de un ser humano cuando ya no queda nada?

Lo que cambió en los demás. No el recuerdo, que es frágil y se deforma. Lo que cambió de verdad: la persona que escuchó un disco a los dieciséis años y decidió que podía ser quien era. La mujer que subió a un escenario por primera vez porque yo había subido antes. Lo que queda no es mi voz. Es el permiso que di sin saberlo. Eso no desaparece aunque yo sí.

Diane Arbus y Janis Joplin