William Shakespeare:
El burgués que inventó lo humano

En mayo de 1597, William Shakespeare compró New Place, la segunda casa más grande de Stratford-upon-Avon. El edificio tenía sesenta habitaciones distribuidas en tres plantas, cinco chimeneas, jardines amplios y acceso a dos calles principales. Costó sesenta libras, una fortuna para el hijo de un guantero arruinado. Shakespeare tenía treinta y tres años y había pasado los últimos cinco en Londres escribiendo obras de teatro para ganarse la vida. Ahora volvía a su pueblo natal con dinero suficiente para comprar el edificio que quedaba justo detrás de la capilla, el único más grande que el suyo. Sus vecinos entendieron el mensaje: el chico que se había marchado era ahora un hombre de éxito.

Lo que nadie en Stratford sabía entonces es que entre 1597 y su muerte en 1616, el propietario de New Place escribiría Hamlet, Otelo, El rey Lear, Macbeth, Antonio y Cleopatra y La tempestad. Pero en Stratford, William Shakespeare nunca fue el genio literario. Era simplemente «William Shakespeare, gentleman», un título que compró legalmente en 1596 junto con un escudo de armas para su padre. Era un hombre que litigaba con vecinos por deudas insignificantes, que invertía en tierras agrícolas, que se ausentaba de su familia durante meses. La tensión entre estos dos Shakespeares —el artista transformador y el burgués calculador— nunca se resolvió porque probablemente nunca existió tal tensión en su mente. Él era ambas cosas sin contradicción.

William Shakespeare fue bautizado el 26 de abril de 1564 en la Holy Trinity Church de Stratford-upon-Avon. Su padre, John Shakespeare, era guantero, comerciante de lana y funcionario municipal que llegó a ser bailiff, el equivalente a alcalde. Su madre, Mary Arden, provenía de una familia terrateniente católica con propiedades rurales. El matrimonio prosperó durante los años de infancia de William: la familia vivía en una casa grande en Henley Street, John ocupaba cargos públicos importantes. El niño probablemente asistió a la King’s New School donde habría estudiado latín intensivamente: Ovidio, Virgilio, Séneca. Las obras posteriores demuestran familiaridad profunda con estos autores, especialmente con las Metamorfosis de Ovidio, cuyas historias recicló durante toda su carrera.

Pero en 1576, cuando William tenía doce años, la fortuna de John Shakespeare colapsó. Dejó de asistir a reuniones del concejo municipal, vendió propiedades, acumuló deudas. Los registros municipales documentan su declive: multas por no asistir a misa, demandas de acreedores, pérdida de su puesto. Nunca se recuperó. La razón exacta del colapso permanece oscura. Algunos historiadores sugieren problemas con comercio ilegal de lana, otros especulan sobre persecución religiosa si la familia mantenía simpatías católicas clandestinas. Lo documentado es que el adolescente William vio a su padre caer de comerciante respetado a deudor evitando las calles principales por miedo a ser arrestado.

En noviembre de 1582, William Shakespeare, de dieciocho años, se casó con Anne Hathaway, de veintiséis. Ella estaba embarazada de tres meses. La licencia matrimonial se tramitó con prisa inusual, posiblemente porque la familia Hathaway exigía matrimonio rápido ante el embarazo. Susanna nació en mayo de 1583. En febrero de 1585 nacieron los gemelos Hamnet y Judith. William tenía veintiún años, tres hijos, una esposa ocho años mayor, y ninguna fortuna heredada porque su padre seguía endeudado.

Lo que ocurrió después es uno de los vacíos documentales más frustrantes de la historia literaria. Entre 1585 y 1592 no existe ningún registro de William Shakespeare. Ni en Stratford ni en Londres ni en ningún otro lugar. Cuando reaparece en el registro histórico en 1592, ya es dramaturgo establecido en Londres, suficientemente exitoso para que el escritor Robert Greene lo ataque en un panfleto publicado póstumamente. Greene, muriendo de pobreza y enfermedad venérea, llama a Shakespeare «upstart crow» —cuervo advenedizo— que se cree capaz de escribir verso blanco tan bien como los dramaturgos universitarios. El insulto confirma que para 1592 Shakespeare había alcanzado prominencia suficiente para generar envidia profesional.

Las teorías sobre los años perdidos abundan. Quizá trabajó como maestro rural en Lancashire. Quizá se unió a una compañía de actores itinerantes. Quizá huyó de Stratford por problemas legales relacionados con caza furtiva en tierras del noble local Thomas Lucy. Ninguna evidencia sólida respalda ninguna hipótesis. Lo único seguro es que en algún momento entre 1585 y 1592, Shakespeare abandonó a su esposa y tres hijos pequeños en Stratford y se marchó a Londres a buscar fortuna en el teatro. No dejó constancia de esta decisión ni de sus razones. Tampoco hay evidencia de que volviera regularmente a visitar a su familia durante esos años.

En 1594, Shakespeare era miembro fundador de Lord Chamberlain’s Men, una de las dos o tres compañías teatrales principales de Londres. La compañía operaba bajo sistema de acciones: ocho o diez hombres compartían propiedad, riesgos y ganancias. Shakespeare no era simplemente dramaturgo contratado sino socio capitalista. Esto era inusual. La mayoría de dramaturgos vendían obras individuales a compañías por pagos únicos. Shakespeare escribía exclusivamente para su propia compañía y recibía porcentaje de beneficios. El arreglo lo convirtió simultáneamente en escritor, actor y empresario.

La compañía actuaba en The Theatre, un edificio en Shoreditch al norte del Támesis. En 1599, cuando el propietario del terreno intentó subir la renta drásticamente, la compañía tomó una decisión audaz. Desmantelaron The Theatre durante la noche de Navidad —literalmente arrancaron las vigas de madera— y transportaron los materiales al sur del Támesis, a Southwark, donde construyeron el Globe Theatre. Shakespeare invirtió en la nueva construcción, adquiriendo entre el diez y el doce por ciento de las acciones. Esto significaba que recibía no solo su parte como miembro de la compañía sino también porcentaje de los ingresos por alquiler del edificio a otras compañías. Era, en términos modernos, dramaturgo-actor-accionista-rentista.

Las inversiones de Shakespeare demuestran obsesión por seguridad económica. En 1597 compró New Place. En 1602 compró ciento siete acres de tierra agrícola cerca de Stratford por trescientas veinte libras. En 1605 invirtió cuatrocientas cuarenta libras en diezmos —derechos a cobrar impuestos agrícolas— que generaban renta anual de sesenta libras. En 1613 compró una casa en Blackfriars, Londres, como inversión inmobiliaria. Simultáneamente, los registros legales muestran que demandó a vecinos por deudas triviales. En 1604 llevó ante tribunal al boticario Philip Rogers por devolverle solo seis chelines de una deuda de treinta y cinco chelines. El hombre que escribía El rey Lear gastaba tiempo y dinero legal persiguiendo deudas de menos de dos libras.

Esta mezquindad económica coexistía con generosidad artística. Shakespeare no publicaba sus obras. Las guardaba como propiedad de la compañía porque las obras publicadas podían ser representadas por compañías rivales. Solo se imprimieron ediciones no autorizadas —»quartos malos»— aparentemente reconstruidas de memoria por actores. Shakespeare nunca protestó públicamente por estas pirateos ni intentó publicar versiones autorizadas. Esto contrasta con Ben Jonson, quien en 1616 publicó un folio de sus obras completas bajo el título pretencioso Works. Jonson fue ridiculizado por tratar obras teatrales —entretenimiento popular efímero— como literatura seria. Shakespeare murió ese mismo año sin haber publicado colección de sus obras. El First Folio de 1623 fue iniciativa póstuma de sus colegas John Heminges y Henry Condell.

El 11 de agosto de 1596, Hamnet Shakespeare murió en Stratford a los once años. La causa no fue registrada. Probablemente enfermedad infecciosa, común en niños de la época. William Shakespeare estaba en Londres cuando murió su único hijo varón. No existe evidencia documental de su reacción. No escribió elegía, a diferencia de Ben Jonson quien compuso poema público cuando murió su hijo Benjamin. Los registros parroquiales confirman el entierro de Hamnet pero nada más. Shakespeare continuó escribiendo para Lord Chamberlain’s Men. En los años inmediatamente posteriores escribió El mercader de Venecia, Enrique IV (partes 1 y 2) y Mucho ruido y pocas nueces.

Algunos académicos leen Hamlet, escrito probablemente en 1600-1601, como duelo diferido por Hamnet. Los nombres son casi anagramas. Otros señalan que las obras posteriores de Shakespeare muestran obsesión con padres que pierden hijos: El rey Lear pierde a Cordelia, Pericles pierde a Marina (temporalmente), Leontes pierde a Mamillius en Cuento de invierno, Próspero debe entregar a Miranda en La tempestad. Las relaciones padre-hija dominan las obras tardías, escritas cuando la propia hija de Shakespeare, Susanna, era adulta y él llevaba más de quince años ausente de Stratford. La compensación artística por ausencia vital es tentadora como teoría pero imposible de verificar. Las obras hablan pero no confiesan.

En mayo de 1612, Shakespeare, de cuarenta y ocho años, testificó en la Corte de Peticiones en Londres. El caso involucraba a Christopher Mountjoy, fabricante de pelucas, y su yerno Stephen Belott. Belott demandaba a Mountjoy por no pagar la dote prometida cuando se casó con la hija Mary. Shakespeare había vivido como inquilino en casa de los Mountjoy entre 1602 y 1604, precisamente cuando escribía Otelo, Medida por medida y El rey Lear. Belott afirmaba que Shakespeare había servido como intermediario en las negociaciones matrimoniales y podía confirmar los términos de la dote.

La deposición de Shakespeare es el único documento donde sus palabras fueron registradas verbatim. Cuando le preguntaron cuánto había prometido Mountjoy como dote, respondió que no lo recordaba. Cuando le preguntaron qué bienes domésticos había prometido entregar, respondió que no lo recordaba. Cuando le preguntaron sobre los detalles de las conversaciones entre Mountjoy y Belott, respondió repetidamente: «no lo recuerdo». La Corte finalmente declaró a favor de Belott pero Mountjoy nunca pagó y el caso se cerró sin consecuencias.

La ironía es potente. El hombre que escribió los discursos más memorables en lengua inglesa declaró bajo juramento que no recordaba conversaciones domésticas ocurridas ocho años antes. ¿Prudencia legal? ¿Memoria selectiva? ¿Indiferencia genuina a asuntos de otra gente? El testimonio revela algo más: Shakespeare observaba. Vivió dos años en casa de una familia, presenció sus dramas cotidianos, y aparentemente tomó notas mentales que transformó en arte (Otelo trata sobre celos matrimoniales, confianza traicionada, manipulación doméstica). Pero cuando le pidieron recordar hechos específicos, se refugió en amnesia conveniente. Observaba pero no participaba. Registraba pero no se involucraba.

Después de 1611, Shakespeare escribió menos. La tempestad, probablemente su última obra completa, se estrenó ese año. Colaboró con John Fletcher en Enrique VIII y Dos nobles parientes pero su participación fue claramente menor. Para 1613 había vuelto a Stratford de forma permanente. Tenía cuarenta y nueve años, suficiente fortuna acumulada, sin proyectos teatrales urgentes. El retiro no fue dramático. Simplemente dejó de escribir.

Los años finales en Stratford demuestran que Shakespeare nunca había dejado de ser hombre de negocios provinciano. Se involucró en disputa sobre cercamiento de tierras comunales, tomando posición que beneficiaba sus intereses económicos aunque perjudicara a vecinos más pobres. Litigó con vecinos sobre linderos de propiedades. En febrero de 1616 hizo testamento minucioso distribuyendo sus posesiones: tierras a Susanna, dinero a Judith, espadas y anillos conmemorativos a amigos actores de Londres. A su esposa Anne, con quien había estado casado treinta y cuatro años, le dejó «mi segunda mejor cama». El resto de la herencia conyugal quedaba implícito en leyes de época pero el detalle de la cama sugiere mezquindad final o mensaje personal indescifrable.

William Shakespeare murió el 23 de abril de 1616, cincuenta y dos años después de nacer, posiblemente el mismo día aunque las fechas exactas son inciertas. La causa fue registrada como fiebre, probablemente tifoidea. Ben Jonson escribió más tarde que Shakespeare, el poeta Michael Drayton y él mismo tuvieron «reunión alegre» y «parece que bebieron demasiado porque Shakespear murió de fiebre ahí contraída». La anécdota es probablemente falsa pero ilustra cómo los contemporáneos veían a Shakespeare: como compañero de copas, hombre sociable, no como genio atormentado.

Fue enterrado en la Holy Trinity Church de Stratford el 25 de abril. Su lápida lleva inscripción que él posiblemente compuso: «Buen amigo, por Jesús abstente / De cavar el polvo aquí encerrado. / Bendito sea el hombre que respete estas piedras / Y maldito el que remueva mis huesos». Cuatro líneas de verso mediocre advirtiendo contra profanación de tumba. No hay mención de teatro, poesía, Londres, obras. En Stratford, William Shakespeare fue enterrado como gentleman local, propietario de New Place, no como dramaturgo.

Siete años después, John Heminges y Henry Condell publicaron el First Folio: treinta y seis obras bajo el nombre de William Shakespeare. Ben Jonson contribuyó poema preliminar que comienza: «Alma de la época, / el aplauso, el deleite, la maravilla de nuestro escenario». Jonson también escribió: «No era de una época sino para todos los tiempos». Esto resultó ser cierto pero Shakespeare nunca lo supo. Murió creyéndose empresario teatral exitoso que había restaurado el honor familiar y adquirido propiedades impresionantes.

La pregunta irresoluble es si realmente vivió doble vida o si simplemente fue burgués que casualmente escribió obras maestras entre transacciones inmobiliarias. Las obras sugieren mente que comprendía pasión, celos, ambición, amor, traición con profundidad incomparable. Los documentos legales muestran hombre que demandaba por deudas pequeñas y compraba tierras meticulosamente. Estas dos figuras coexistieron en un solo cuerpo sin aparente conflicto.

En New Place, la casa que compró como símbolo de triunfo en 1597, Shakespeare pasó sus últimos años litigando con vecinos y administrando propiedades. En dos décadas intermedias había escrito Hamlet, El rey Lear, Macbeth, Otelo, La tempestad: obras que transformaron la literatura occidental y expandieron los límites de lo que el drama podía expresar sobre condición humana. Pero en Stratford seguía siendo simplemente William Shakespeare, gentleman, propietario de la segunda casa más grande después de la capilla.

El testamento que dejó esa segunda mejor cama a su esposa permanece como emblema. Es detalle mezquino o es código privado que nadie descifró. Es mezquindad burguesa o es ternura expresada en lenguaje que solo Anne entendía. Como todo en Shakespeare, el hecho está documentado pero el significado permanece abierto. Sabemos qué hizo. Nunca sabremos completamente quién fue. Las obras hablan pero el hombre que las escribió guardó silencio sobre sí mismo con disciplina casi total. Murió sin explicarse, dejando treinta y ocho obras maestras y una segunda mejor cama como legado contradictorio de genio que nunca dejó de calcular rentas.